¿Se siente usted orgulloso/a de España y su herencia histórica?

¿Que época de la historia de España le interesa mas?

sábado, 31 de diciembre de 2011

Los Vikingos en el Reino de Galícia



La presencia de los vikingos1 en Galicia se produjo en el período comprendido entre los siglos VII y XI.

La primera incursión de los vikingos en Galicia aparece reflejada en los Annales Bertiniani, y se remonta al mes de agosto del año 844 cuando un grupo de vikingos daneses procedente de una expedición de saqueo se adentró por el río Garona, y empujados por una tormenta terminaron llegando hasta Galicia, saqueando algunas aldeas zosteras hasta que fueron rechazados en los alrededores del Farum Brecantium, es decir, la Torre de Hércules (que los vikingos llamaban Fár). En aquella época reinaba en Galicia Ramiro I.

Durante esta época surgió la leyenda del obispo Gonzalo de la diócesis de Bretoña: al llegar a la entrada del río Masma un gran número de embarcaciones vikingas los habitantes acudieron a la protección del obispo, al que consideraban santo. Gonzalo rezo pidiendo la protección del cielo contra el ataque y entonces se desató una gran tempestad que hundió la mayor parte de la flota invasora.
En el año 858, durante el reinado de Ordoño I, reapareció en las costas de Galicia una gran flota vikinga. Se trataba de un contingente de cien naves procedente de expediciones de saqueo en las costas francesas que se dirigieron hacia la ría de Arousa. Tras saquear la diócesis de Iria Flavia llegaron hasta Santiago de Compostela, poniendo sitio a la ciudad. Los habitantes de Compostela pagaron un tributo para evitar el saqueo, pero a pesar de ello los vikingos continuaron intentando apoderarse de la ciudad, hasta que el sitio fue levantado por un ejército dirigido por el conde Pedro, que los derroto y destruyó 38 barcos; los supervivientes se dirigieron hacia el sur de la costa gallega, saqueando las poblaciones a su paso. Como consecuencia de esta expedición la sede episcopal de Iria Flavia fue trasladada a Santiago de Compostela.
En el año 951 los vikingos reaparecieron de nuevo y saquearon la costa gallega; en los años siguientes las ciudades se reforzaron en previsión de nuevos ataques. En el año 964 los vikingos reaparecieron de nuevo, y el propio obispo Rosendo de Mondoñedo tubo que hacerles frente.

En el año 968 el segundo duque de Normandía, ante el peligro de invasión francesa de su dominio, pidió ayuda a sus parientes daneses y noruegos que acudieron con una gran flota vikinga.

Una vez derrotado el rey de Francia los vikingos permanecieron en Normandía, lo que provoco grandes problemas, por lo que el duque los animó a partir a la conquista de Galicia, esa tierra tan rica de la que tanto hablan los peregrinos.

Llegaron a Galicia unas doscientas naves al mando de Gudrød (Guðrǫðr), hermano de Harald Gråfeldr, conocido como Gunderedo en las crónicas gallegas. Cien de esas naves se detuvieron en la costa cantábrica de Galicia y atacaron la diócesis de Bretoña, mientras que otras cien se internaron en la ría de Arousa y desembarcaron en el puerto de Iuncariae (Xunqueira),5 para dirigirse por tierra hasta Santiago de Compostela.

La llegada de los vikingos coincidió con el fin de las disputas entre los obispos Rosendo y Sisnando II por el control de la diócesis episcopal. El obispo Sisnando, que acababa de expulsar a Rosendo de la ciudad, intento detenerlos en las proximidades de Iria Flavia, donde habían llegado remontando el curso del río Ulla, pero no lo consiguió y murió atravesado por una flecha durante la batalla de Fornelos el 29 de marzo. Ya sin resistencia, los vikingos se dispersaron por Galicia, llegando hasta el Courel.

En Lugo el obispo Hermenegildo consiguió defender la ciudad, pero no pudo impedir que los vikingos arrasaran las tierras de Bretoña, cuya antigua sede quedó destruída, siendo reconstruída posteriormente en el actual Mondoñedo.
Los vikingos permanecieron durante cerca de tres años en tierras gallegas, matando y saqueando, pero cuando regresaban a sus naves cargados con botín y prisioneros fueron interceptados por un ejército al mando del conde Gonzalo Sánchez, que consiguió vencerlos en los alrededores de la ría de Ferrol hacia el año 970, dando muerte a Gunderedo, su sækonungr y quemando la mayoría de sus naves.
Tras dejar Galicia, los vikingos continuaron navegando hacia el sur y saquearon la costa entre el río Duero y Santarém.

Desde el siglo X los vikingos comenzaron a aparecer en Galicia de forma cada vez más esporádica; sin embargo, en el año 1015, dirigidos quizás por el rey Olaf atacaron Castropol, Betanzos, Ribas de Sil y Tuy. En esta villa desembarcaron por sorpresa remontando el río Miño y masacraron al ejército del conde Menedo, arrasaron la ciudad y tomaron como prisionero al obispo Alfonso.
Del año 1026 se conserva un documento que revela una práctica habitual entre los normandos, el secuestro de rehenes para obtener rescate. En el documento aparece Octicio negociando la liberación de dos mujeres, Meitilli y Gocina, madre e hija, por las que finalmente entrego una capa, una espada, una camisa, tres lienzos, una vaca y tres modios de sal.

En el año 1028, reinando Bermudo III, Ulf, apodado “El gallego”, también dirigió una expedición contra las costas gallegas, subiendo por la ría de Arousa, pero también fue rechazada por el ejército del obispo Cresconio de Compostela, quien también fortaleció la ría de Arousa edificando los Castellum Honesti, las “Torres del Oeste”.
Con el fin del período de las invasiones vikingas comenzó la llegada de peregrinos nórdicos a Santiago de Compostela siguiendo el Camino de Santiago. Entre estos peregrinos se encontraba figuras importantes como el rey Sigurd de Noruega, en otoño de 1108, el camino marítimo del vestvegr que conectaba Escandinavia con Galicia, duraba unos 8 días de travesía.

La destrucción de las sedes episcopales de Iria Flavia y Bretoña provocó su traslado a Santiago de Compostela y Lugo y un cambio en la estructura del poder eclesiástico gallego. Varias fortificaciones como las Torrees del Oeste o la muralla de Santiago fueron erigidas para la defensa frente a los normandos. Aunque en el conjunto de las invasiones vikingas, la presencia normanda en Galicia fue puntual y superficial, algún topónimo como Lordemanos podría estar relacionado con la presencia nórdica, aunque es más probable que este asociado a las peregrinaciones jacobeas y no a los saqueadores vikingos.

Castillo del Montgrí



El castillo del Montgrí es una fortificación militar construida entre 1294 y 1304 por el rey Jaime II, en la cima del Macizo del Montgrí en Torroella de Montgrí, Bajo Ampurdán (Gerona, Cataluña, España).

El Montgrí es una pequeña montaña de tipo calcárea, de una altitud de 315 msnm y situada a 6 km del mar. La cima nos ofrece unas impresionantes vistas de todo el Ampurdán, y llega hasta el Canigó.

En la cima del Montgrí se vé la figura emblemática del castillo de Montgrí. Se comenzó a construir por Bernardo de Llabiá, gobernador de Torroella, en 1294 como punto de control en un enfrentamiento entre Jaime II y Ponce V, conde de Ampurias, pero las obras se interrumpieton en 1301 sin acabar la construcción, debido a la consolidación del poder por el condado de Barcelona contra el de Ampurias.

Los castillos de Bellcaire y del Montgrí aún se miran desafiantes, todos son testimonios de la dura lucha entre la monarquía y el poder feudal. La lucha terminó con la incorporación del condado a la corona, después de arruinar la comarca y la desviación del Ter desde el norte del Montgrí al sur. Esta desviación provocó la formación de las dunas continentales de Torroella.

La Batalla de Llucmayor



La Batalla de Llucmajor (25 de octubre de 1349) es la batalla que tuvo lugar en la población de Llucmajor (Mallorca), en el lugar conocido desde entonces como el campo de la batalla.

En esta lucha, las tropas de Pedro IV de Aragón derrotaron a las de Jaime III de Mallorca. Tras la derrota, Pedro IV incorporó a la corona de Aragón el reino de Mallorca.

El reino de Mallorca se encontraba en un punto estratégico del Mediterráneo. Pedro IV, que pretendía expandir sus territorios hacia Grecia, no podía pasar por los territorios de Jaime III de Mallorca sin ir con cuidado.
Pedro, indignado, desembarca en Santa Ponça, y gana a las fuerzas mallorquinas, en 1343.

Acto seguido, dirige su expansión dentro de Europa continental hacia el Rosellón y Cerdaña, conquistándolos en el año 1345. Jaime huye, y vende al rey de Francia Felipe IV los territorios que le quedaban en Occitania: Carlades, Omerlades y Montpellier, y con el dinero recibido, arma un ejército, que partirá hacia Mallorca para intentar reconquistar el reino de Mallorca.

En Llucmajor se decidirá la batalla más importante de la historia del antiguo Reino de Mallorca.

Jaime III y su hijo Jaime (el futuro Jaime IV), dirigen la batalla, pero la derrota es inevitable. Jaime III muere, y Jaime IV es encarcelado. A éste último le soltarán, e intentará recuperar el reino, pero fallará rotundamente. Morirá en Soria en 1375.
Junto a Jaime fueron hechas prisioneras la reina Violante de Vilaragut y su hermana Isabel.

Jaime estuvo preso en el castillo de Játiva y en el Castillo Nuevo de Barcelona hasta el año 1362 en que fue liberado por Jaime de Santcliment.

La Batalla de Llucmajor significará la incorporación definitiva de Mallorca a la Corona de Aragón. Comenzará una época de expansión militar de Aragón a lo largo del Mediterráneo,siempre con el apoyo de algún militar, barco o marinero mallorquín.
El título de rey de Mallorca siguió siendo reclamada por la hermana de Jaime IV, Isabel.

En 1344 el rey Pedro IV había promulgado el decreto de los Privilegios de la Unión por el que se estipulaba que no se podrían separar de la Corona de Aragón los territorios del Reino de Mallorca (Juramento por las Islas).

El Reino de Mallorca conservó su denominación y sus instituciones hasta la promulgación de los Decretos de Nueva Planta (1716) que abolieron todas sus instituciones.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Legio IX Hispana



La Legio IX Hispana (Novena legión «hispana»), también Legio IX Hispana Macedonia Victrix), fue una legión romana creada a mediados del siglo I a. C., junto con la VI.ª, la VII.ª y VIII.ª por Pompeyo en Hispania en el año 65 a. C.2 César la dirigió por vez primera como gobernador de la Hispania Ulterior en el 61 a. C.

Se la llevó a la Galia alrededor del año 58 a. C., donde estuvieron presentes durante toda la Guerra de las Galias.

Aunque creada por Pompeyo, se decantó por César en la guerra civil que estos sostubieron.

Luchó en las batallas de Dyrrhachium (actual Durrës) y de Farsalia el 48 a. C., y en la campaña africana del año 46 a. C.

Después de la victoria final César licenció a sus legionarios y asentó a los veteranos en Picenum.
Tras el asesinato de Julio César, Octavio volvió a llamar a los veteranos de la IX para luchar contra la rebelión de Sexto Pompeyo, combatiendo en la batalla de Nauloque (Sicilia). Después de derrotar a este fue destinada a la provincia de Macedonia.

En 31 a. C., desatada la guerra civil entre Marco Antonio y Octavio, volvió a tomar parte por este último y luchando a su lado en la batalla naval de Actium.
Se desconoce cual era su estandarte aunque posiblemente fuera un toro, como otras legiones cesarianas.

Con Octavio ya Augusto y emperador, la legión fue enviada a la Hispania Tarraconensis para participar junto a otras siete en las importantes y largas campañas contra los cántabros (25–13 a. C.). Su sobrenombre de Hispana fue ganado probablemente por sus acciones durante este periodo.

Después de esto la legión fue trasladada la frontera del Rin ante la necesidad de concentrar tropas para proteger el frente de las tribus germánicas.

En el año 9, la IX fue estacionada de forma permanente en Panonia, si exceptuamos un corto período entre 17 y 24 en que, por orden de Tiberio, tomó parte en la guerra contra Tacfarinas en Mauritania, acompañada por la Cohors XV Voluntariorum.

En el 43 participó en la invasión de Britania conducida por el emperador Claudio y el legado imperial Aulo Plaucio.
Bajo el mando del gobernador proconsular Cayo Suetonio Paulino la legión participó en la campaña contra la reina Boudicca (61 D.C.), intentando romper el cerco de Londinium (actual Londres).

En 120 la Legio VI Victrix reemplaza a la Legio IX Hispana en York. Durante mucho tiempo fue desconocida su historia a partir de esta fecha, lo que dio lugar incluso a elaborar leyendas sobre su «misteriosa desaparición» entre los Scotti en sucesivas novelas de recreación histórica, como la muy popular de R. Sutcliff The Eagle of the Ninth, de 1954 muchas veces reeditada, cuya adaptación cinematográfica se estrenó en 2011.

Sin embargo, la leyenda se demostró como tal, ya que a partir de 1970, con el hallazgo de diversas inscripciones, pudo acreditarse que la legión IX (o VIIII, como aparece en los epígrafes) había sido trasladada desde Britannia a los alrededores de Noviomagus, ciudad de los Bátavos (actual Nimega, Holanda), donde estuvo acuartelada al menos hasta 131 d. C., cuando fue enviada a Oriente.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Los Alabarderos



Los Alabarderos eran los individuos de las Compañias del Cuerpo de Alabarderos encargados en España de la custodia de los reales Alcazares y acompañaban a los Reyes en todas sus Expediciones, ya que en España como en las demás monarquias europeas ha habido siempre una Guardia Especial para custodiar a los Reyes.

Componian las guardias de los Reyes y Príncipes de los diferentes reinos peninsulares, de gente escogida por su íntima confianza y tradicional privilegio, a la saz que de otros complementarios para hacer refuerzo de escoltas elegidos por privilegio también pero ya por su destreza y experiencia demostradas en la guerra y que tenían a su cargo la inmediata custodia del Monarca, haciendo dentro y fuera del regio alcazar un servicio análogo al que realizaban en la segunda mitad del siglo XIX el Real Cuerpo de Guardias Alabarderos y otros en España.

El Cuerpo de Alabarderos se constituyó en los primeros años del siglo XVI por disposición del Rey Don Fernando el Católico en 1504.

Posteriormente se compuso este cuerpo de infantería y caballería, siendo llamados los primeros de aquella arma Estradiotes y luego Guardias de la Lancilla.

Al margen de su función junto a nobles, soberanos y Papas, las compañías de alabarderos desempeñaron también la misión de escolta y guardia de honor en procesiones de Santos, Semana Santa o Corpus Christi, bien por existir una guarnición militar o ser creadas para este fin por las propias Cofradías.

Guardia de Honor de Alabarderos al toque de "TImbal y tambores" por las calles de Tudela custodiando la imagen de la Virgen:

Los Escopeteros de Getares





Los Escopeteros de Getares fueron una compañía militar española, desconocida para casi todos los españoles, que vigilaba la costa del estrecho de Gibraltar desde Tarifa a Algeciras durante los siglos XVIII y XIX.

Su misión fundamental era ejercer de guardacostas en la costa del estrecho de Gibraltar evitando el aprovisionamiento de barcos británicos o avisando de la llegada de piratas berberiscos. También tenían como misión evitar el contrabando con África o con Gibraltar.

Los Escopeteros de Getares tomaron parte en la Guerra de la Independencia al servicio del Comandante General del Campo de Gibraltar. Durante 1811 ocuparon Medina Sidonia, participaron en la Batalla de Chiclana (o de la Barrosa) y protegieron a las tropas del General Ballesteros mientras ésta se retiraba de Jimena de la Frontera hacia Gibraltar, donde se les impidió el paso a pesar de ser España aliada del Reino Unido en la contienda. A pesar de su importante labor en la guerra, una vez terminada ésta se ordenó su supresión en 1819 dentro del proceso de reorganización del Ejército español.

Sin embargo, esta orden no llegó a cumplirse porque a principios de 1820 se unieron al levantamiento del General Riego junto a la Comandancia General del Campo, por lo que se enfrentaron en Jimena de la Frontera a las tropas del Capitán Zaldívar, que resultó muerto en el combate. Tras el fin de la guerra se ordenó nuevamente la extinción de la Compañía en 1823, esta orden no se llevó a cabo hasta la reorganización del Ejército de 1829.

domingo, 25 de diciembre de 2011

La Banda Gallega



La Banda Gallega es el nombre con el que históricamente se conocía a gran parte de la actual sierra Norte de Huelva y sierra Sur de Badajoz, desde su conquista por los reyes cristianos como cinturón defensivo, una barrera de castillos y guerreros que cortaba la sierra de Huelva de Este a Oeste.

Esa denominación nació, por la repoblación de estas tierras por gallegos y leoneses tras la expulsión de los musulmanes, en paralelismo con la llamada Banda morisca, para hacer referencia a la zona fronteriza con el Reino de Portugal, junto a La Raya.

Previamente a la reconquista cristiana los moros intentaron solucionar los problemas de defensa de la zona reaprovechando antiguas fortificaciones romanas y levantando nuevas fortalezas como en Aracena, Cala o Zufre.

Con la nueva dominación cristiana desde el siglo XIII el Reino de Portugal ambicionará la conquista de toda la zona por lo que sigue siendo necesaria la defensa de las sierras onubenses y pacenses en sí, además de convertirse en primera fuerza defensiva del Reino de Sevilla.

Por ello el Concejo de Sevilla verá necesaria el reaprovechamiento, reconstrucción o construcción de importantes fortalezas en la zona como las del Castillo de Sancho IV de Cumbres Mayores.

Esta zona fronteriza estuvo compuesta por tres lineas que englobaban las defensas de:

-Aroche, Encinasola y Fregenal de la Sierra.

-Torres (Cumbres de San Bartolomé), Cortegana y Cumbres Mayores.

-Aracena, Cala y Santa Olalla del Cala.

En el siglo XVI las construcciones defensivas se extenderán a la zona del Andévalo y más al suroeste, proceso que culminará a fines de siglo con la contrucción de diferentes torres almenaras en la costa para defenderlas de piratas berberiscos.

Aunque gran parte de estas edificaciones aún permanecen en pie el abandono de éstas en el siglo XIX o los daños ocasionados por las tropas gabachas durante la Guerra de Independencia abocaron a la ruina a muchas de ellas.